«Treinta y una vendimias, 14 vinos en su catálogo, 14 poemas de amor; aunque probablemente, el que deje más huella en la memoria es el Casta Diva 2002 que cerró con broche de oro dulce el menú de la boda del Príncipe Felipe y doña Leticia.

Un honor y un merecido reconocimiento a unos vinos creados para la felicidad, delicias preñadas de símbolos, de cultura, de arte…»

HISTORIA DE LA BODEGA

En el primer libro de la bodega, en el 84 las ventas se cifran en 11.067 pesetas. Era otra bodega, un bajo diminuto en el centro del pueblo de Parcent, pulcro y rebosante de depósitos de acero y barricas de roble en un orden indescifrable. Fue el escenario de un tiempo de catar y catalogar, con su perfeccionismo nato, los vinos más reconditos de la zona, descubrir errores y posibilidades y pulir, vendimia tras vendimia, el idel. Y fue la cuna del Casta Diva, una revelación que dejó boquiabiertos a los críticos y enamoró a los aficionados. Un moscatel tan profundo y delicado, tan complejo y a la vez tan estilizado que requería una clasificación propia, ajena a comparaciones.

La bodega actual no está lejos, es el resultado de la retauración de dos casas del pueblo unidas, con coquetos recovecos, con frescos subterráneos, con ingeniosos mecanismos, pero sin perder la medida humana, la que con cuidado personal sean capaces de elaborar, guardar, controlar y disfrutar. No más de 70.000 botellas anuales.

Felipe abre un tapón o levanta una tapa como si descubriera a un niño en la cuna, atiende a su respiración, el susurro de un barril donde nace el Fondillón, o tonel grande donde fermenta La Diva. Así recorre las seis barricas de Casta Diva, La Diva, Monte Diva. Prueba la evolución del Fondillón, desde hoy al 87, el tonel Berta, dedicado a su hijita, y lo compara con aquellos dulces que dieron nombre y fama secular a vinos de Alicante.